Nos tratan como máquinas, en la escuela, en el trabajo, en la economía, en la sociedad...
Como bien dijo Marx, como seres humanos sin medios de producción solamente nos queda nuestra fuerza de producción, tenemos el potencial de trabajo, pero no los medios y tenemos que buscar, cual mendigo, empresario que nos ampare en su empresa para explotarnos 8 horas diarias mientras trabajamos para él y su beneficio.
No somos más que mendigos de trabajo, y más ahora con 5 millones de parados, ya no podemos elegir entre varios trabajos, el que hay es el que toca.
Nos tratan como máquinas en la educación, nos explican el ¿como?, pero no se molestan en explicarnos el ¿porque? ni el ¿para que?.
Una máquina no se pregunta con que fin trabaja, una máquina no se pregunta porque razón trabaja... y nosotros no nos podemos permitir ese lujo porque en el intermedio de esa pregunta nos morimos de hambre. O si nos la hacemos mientras trabajamos no tenemos tiempo de responderla, ni medios, ni ganas ya que hemos dedicado todo nuestro esfuerzo a producir. Somos esclavos de la razón instrumental, ya definida por la Escuela de Franckfurd.
Somos máquinas para la economía, simplemente números que se miden en productividad y en coste, en consumo y ahorros...
Sin embargo somos más que máquinas y lo sabemos, pero no decimos nada, nos apartamos de el mundo de la política porque no nos representa, y en vez de eso, nos enfurece y aburre. Y así renunciamos al único medio que tenemos de poder convertir nuestro dolor , nuestra rabia y malestar en algo significativo, en un cambio. Nos enfadamos y pedimos que nos dejen en paz con nuestra televisión y nuestros electrodomésticos, que nos dejen en paz en nuestra casa, decimos: !no podemos hacer nada¡. Y nos creemos incapaces, ignorantes y lo que es peor solos. Porque los medios de comunicación no nos enseña que hay más gente como nosotros, cabreada y asustada, y convertimos nuestro dolor en un dolor individual, no colectivo ni político, y no conseguimos cambiar nada. Pensamos: seré yo que soy anacrónico, seré raro, igual los políticos que nos gobiernan están haciendo de verdad todo lo que pueden y lo están haciendo bien, soy yo que pido mucho. Nos resignamos y asumimos nuestro dolor como propio, y nos volvemos apolíticos.
Pero de la apolítica nace la prostituta, el niño hambriento y el político corrupto, de nuestra apolítica nacen las falsas democracias y el gobierno del capital. El desinterés por el cambio, por un futuro y la perdida de la esperanza: esa es la condena del hombre, eso nos hace débiles.
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