¿Cuales son los puntos más básicos de cualquier democracia?
Voto universal: Es decir que todos los ciudadanos puedan votar y además que el voto de cada ciudadano cuente lo mismo que el de cualquier otro. Esto en nuestro país, España, solo se cumple el primer punto, ya que la ley electoral (ley D´Hond) hace que tu voto, dependiendo de a quién votes y donde vivas valga más o menos. Un ejemplo de los efectos en las últimas elecciones Ley electoral en España
Estado de Derecho: Igualdad de la ley para todos. No se cumple, no ya por la manipulación que pueda haber sobre el sistema judicial, o en la mala redacción de las leyes. Sino que ya desde la base de la "democracia" española (la constitución) hay dos grandes fallos: La monarquía, es decir una familia que por el simple echo de ser "Hijos de ..." ya tienen más derechos que el resto de Españoles. Y que existan indultos es decir que para algunos elegidos a dedo por el gobierno pueda saltarse las leyes que quieran es una vergüenza para cualquier país con expectativas democráticas.
División de poderes: Para evitar que haya quien pueda nombrarse juez, jurado y verdugo como se dice popularmente, los pensadores ilustrados propusieron que los tres poderes que otorgaría el pueblo a sus representantes no los convirtiesen en dictadores electos. Para que haya separación de poderes implica que ninguno de los órganos tenga el mínimo poder sobre el otro. Y así poder evitar un absolutismo del cual la ilustración se quería desprender. Es decir que una democracia tenía que ser algo más que elegir a un dictador cada 4 años. Por ello se propuso una separación de poderes. Hay 3 grandes poderes: Ejecutivo, legislativo y judicial. (Para más información División de poderes, Wikipedia ).
El conocimiento no es es un
archipiélago de islas aisladas, separadas unas de otras, sino que es una unión de todas ellas formando un gran
contiene, al estilo de la antigua Pangea, donde las únicas
divisiones posibles serían meramente artificiales, cual frontera entre
dos países.
Puede que cientos de años atrás la existencia de estas divisiones no
solo pudiera haber sido útil, sino incluso podría haber llegado a
parecer real. Pero el avance de la tecnología y del conocimiento, han
debilitado esa creencia y han fusionado las diferentes disciplinas
involucrando unas con otras hasta el punto de crear campos del
conocimiento muy diversos.
Todas las ciencias buscan en base lo mismo, la verdad: Unos en lo
vivo, otros en lo inerte, unos en la naturaleza más lejana al ser humano y
otros en el propio Hombre. Pero la ciencia no solo tiene que estar unida
en la teoría, sino también en la práctica, en la investigación y el
desarrollo, en las aplicaciones y en la trasmisión de los nuevos descubrimientos.
Pero jamás debemos olvidar que no solo los científicos son importantes para la ciencia:
¿De que sirven los nuevos conocimientos si no hay maestros que se los enseñen a las nuevas generaciones? ¿Y que sería de la ciencia sin los grandes filósofos estudiosos de la epistemología? ¿Como podría desarrollarse la ciencia en una sociedad desectructurada y caótica?
Pero hay un axioma que está por encima todo eso, y es que la verdad no puede ser exclusiva, la verdad ha de estar abierta a toda la población, independientemente de su situación económica política y social y si no se cumple esto, todo el esfuerzo de la ciencia será en vano. Ya que la ciencia es el estudio de la verdad universal, también universal debe de ser el derecho a conocerla. Y esta es, y ha de ser siempre, la labor de la universidad pública.
Tristemente parece que hay poderes en este país que no lo ven así. Y lo demuestran cuando intentan subordinar el conocimiento a la rentabilidad económica, lo demuestran cuando proclaman que el único conocimiento útil es aquel que nos puede suponer un retribución, lo demuestran cuando nos sugieren que estudiemos aquellas carreras que nos puedan dar un trabajo y no aquellas que nos gustan, lo demuestran cuando permiten a las empresas tomar decisiones sobre la universidad de acuerdo a sus intereses y lo manifiestan en forma de anteproyectos de ley o ruedas de prensa.
Por tanto hago a un llamamiento a todos los campos del conocimientos, a todas las Universidades y a sus universitarios a que se unan: Por el progreso y la defensa,
tanto de la investigación, como del conocimiento, y la universidad. Y más aún en estos tiempos que estamos sufriendo el
desmantelamiento y el recorte por parte del gobierno en campos tan
importantes para nosotros como son la inversión I+D+I y la educación
pública.
Estoy harto de ver teóricos hacer un magnífico trabajo de crítica y argumentación, y que acaban siempre metiendo la pata en en la concusión. Miles de teóricos se han echado a perder, y han echado a perder sus teoría o a quien las seguía por el simple hecho de que la solución al problema que criticaban o la conclusión al estudio que habían hecho, era erróneo.
Hay muchísimos ejemplos, pero como siempre los más graciosos son los creyentes, tanto creacionistas como no, que usan estudios científicos para ratificar sus teorías (no creo que haga falta poner ejemplos).
Con esto solo os quería decir una cosa: hacen falta muchos estudios y mucho trabajo para poder sacar una conclusión relevante, es decir, que nadie haga un estudio de 2 páginas y crea que ha creado una nueva teoría del universo.
De los estudios científicos hay que sacar una conclusión directa, no decir más que lo que el experimento propone. Os voy a poner un ejemplo: Linneo, una de las figuras más importantes en la clasificación de animales y plantas (zoología y botánica), escribió grandes publicaciones de sus estudios, pero en uno de ellos no pudo evitar intentar sacar una conclusión que no venía aportada por hechos científicos. Si no recuerdo mal la frase era algo así: "Debido a su aspecto desagradable, su costumbre de vivir en sitios oscuros y húmedos, y su no mejor tacto y textura, Dios creó pocas especies de Salamandras y por eso son tan difíciles de encontrar" (no es una frase literal). Estoy seguro que Linneo hizo un estudio genial sobre las salamandras, pero sacó una conclusión que no venía ofrecida por sus estudios sino por una creencia personal, y por ello metió la pata. Pero Linneo no fue el único, ojalá. Grandes y pequeños científicos han metido la pata a más no poder:
"¡Máquinas voladoras más pesadas que el aire es imposible!"— 1895, Lord Kelvin, Presidente de la Sociedad Real Británica. —
"¿Quién diablos quiere escuchar a los actores hablar?"
—1927, Harry M. Warner, Presidente de Warner Brothers.—
"Apenas la Exposición Universal de París cierre sus puertas, la
luz eléctrica se terminará y no volveremos a oír hablar más de ella."
Erasmus Wilson, profesor de la Universidad de Oxford, 1878
"Yo pienso que la demanda mundial de ordenadores no excederá a cinco máquinas."
John Thomas Watson,
"El caballo permanecerá, ya que el coche no es más que una novedad sin futuro, un capricho"
Henry Ford
Pero que no se puedan sacar grandes conclusiones de un solo hecho científico no significa que no se puedan sacar conclusiones importantes de la ciencia, me explico: Hoy hay millones de artículos científicos publicados, y cada día se publican muchos más. sacando solo las conclusiones exactas de cada trabajo podemos llegar a una serie de conclusiones increíbles, e impensables hasta para el pobre Linneo. Teorías como el Big Bang o la evolución son la consecuencia directa de miles o millones de pequeños o grandes artículos científicos. Así que amigos mios publicar, y no saquéis conclusiones precipitadas, que para todo hay explicación, solo requiere tiempo y esfuerzo.
Nunca en la historia de la humanidad, la ciencia y el conocimiento
habían jugado un papel tan poderoso. La ciencia y la tecnología son
hoy una de las principales fuerzas productivas. Los progresos en el
volumen de conocimiento, en su almacenamiento y en su transmisión son
vertiginosos. Sabemos hoy mucho más sobre los reptiles o sobre las
células eucariotas que lo que sabíamos hace unos siglos sobre todo el
universo. Disponemos de más información sobre el SIDA que la
información que la medicina acumulaba hace cien años sobre la
totalidad del organismo humano. Cualquier niño o niña (y que esté
disponible para los dos es también un logro muy importante) tiene en su
teléfono móvil más datos que los que se podían encontrar en mil
bibliotecas de Alejandría. Y todo eso al alcance de la mano y de modo
cuasi instantáneo.
La ciencia y el conocimiento en general ha sido siempre un bien
precioso y preciado para la izquierda. El movimiento obrero o el
movimiento feminista hicieron de la inclusión de los trabadores y
trabajadoras y de las mujeres en el mundo de la cultura y de la ciencia
un objetivo cardinal. Enseñar a leer y escribir a los jornaleros era lo
que hacían los anarquistas por los cortijos andaluces. Los ateneos
populares, las escuelas libertarias, los círculos culturales de mujeres,
las casas del pueblo eran focos de cultura y formación social. El mismo
Einstein dejo claro en numerosos escritos la “afinidad natural” entre
el socialismo y la ciencia. Marx y Engels hablaron de socialismo
científico. Darwin tuvo una implicación muy fuerte desde su juventud en
la lucha por la abolición de la esclavitud. Kropotkin todavía hoy es
citado por la biología evolutiva como antecesor en los estudios sobre
la cooperación en el mundo animal (incluido el humano).Para un
trabajador socialista o anarquista un libro era una biblia, un maestro
un santo y un científico un sabio. Conocí hace años a un viejo militante
comunista castellano que solía proclamar, con tono grave y
decimonónico, la siguiente definición, no exenta de una tierna
cursilería, de comunismo: “ Una sociedad será comunista cuando los
trabajadores discutan en las asambleas de fábrica sobre la estructura
del átomo”. Tal era el prestigio que tenia la ciencia entre la
izquierda, en unos momentos en que su poder de transformación es muy
inferior al actual.
Contra este afán por conocer de los explotados y explotadas se
enfrento siempre la oposición de las clases dirigentes, empeñadas en
mantener a las gentes en la ignorancia y en las tinieblas del
oscurantismo religioso. Como los Taliban hacen hoy con las mujeres
afganas, la iglesia, la monarquía o el franquismo condeno al ostracismo
cultural y al analfabetismo científico a millones de personas. La
escuelas, y no digamos la universidad, eran cotos vedado para las clases
populares y las mujeres. Leer, dialogar, experimentar, observar o
simplemente pensar ha sido en España siempre un deporte de alto riesgo
que te podía conducir a las mazmorras o a la hoguera inquisitorial. Como
dijo el fundador de la Legión española, Millán Astray :”Cuando oigo la
palabra cultura me echo mano a la pistola”.
Por eso me asombra el afán que tienen muchas personas de la
izquierda actual de autoinculparse de ignorantes. Cuando más podemos
saber menos queremos pensar, como si todos no tuviéramos los mismos
ojos, los mismos cerebros y el mismo Google para aprender. He
participado en asambleas de organizaciones progresistas donde había
gentes que presumía de no tener ni idea, y de no querer tenerla. Las
redes sociales son un hervidero de frases hechas, de corte new age, y
de informaciones falsas tipo “Bin Laden está vivo y trabaja en el
Mercadona de Montequito, que me lo ha dicho un amigo de mi primo que lo
vio”. Muchos dicen descreer de un solo Dios y se apuntan a creer en
muchos dioses como sin tener muchas creencias falsas fuera mejor que
tener sólo una. Una chica se desnudo el 25 S y dice que le rezó a ISIS
(por lo visto la Virgen del Carmen se le quedaba antigua). Las
profesoras y los profesores de primaria y secundaria tienen que sufrir a
diario el ninguneo, cuando no el desprecio, de padres zoquetes que se
vanaglorian de su incultura y que adoran a Cristiano Ronaldo o siguen
con devoción a Belén Esteban. La investigación de base en matemáticas o
biología de sistemas, por citados dos ramas, se enfrentan a diario a la
estúpida, por chulesca, pregunta : “¿y esto para que sirve?, mientras
ven como se les recortan medios y recursos sin que a casi nadie le
parezca mal. Cualquier explicación conspiranoica tiene mucha más
credibilidad que una explicación científica rigurosa. Y así podíamos ir
desgranando un sin fin de datos y experiencias. Seguro que cualquiera
de ustedes que lee este post, tienen otras muchas anécdotas que sumar a
estas. El “ascenso de la insignificancia” que describió Castoriadis y el
“asalto a la razón” de Luckas han confluido en una nueva versión
posmoderna: el prestigio social de la ignorancia. Una edición más del
uso del irracionalismo idealista como arma de engaño y alienación
masiva. Sólo por la violencia (forma antigua) o el engaño (forma
posmoderna) se puede conseguir que la gente actúe contra sus propios
intereses y en beneficio de una minoría cruel y avariciosa.
Es curioso ver como se llega a interiorizar como “naturales” y
“espontáneos” conductas y discursos que vienen de lejos, como este
“orgullo ciudadano de la ignorancia”. Ese “prestigio social de la
ignorancia “, lleva a situaciones tan ridículas como la de aquellos que
se hacen pasar por ignorantes, aunque no lo sean, por la supuesta
legitimidad que eso otorga a su discurso. Esto es algo muy del Tea
party americano donde se deplora a los “cabezas de huevo” (como decía
Reagan) y se alaba la ignorancia popular de Sarah Palin. Los que han
diseñado esa cultura del “orgullo ignorante” no son precisamente
ignorantes. Es la nueva forma de prohibición social de la cultura que
ahora toma, como todo en el capitalismo del consumo de masas, la forma
de autoprohibición. Ya no hace falta que ningún cura o militarote nos
saque la pistola cuando escucha la palabra cultura, nosotros mismo la
cogemos y nos suicidmaos. ¿Al fin y al cabo, como en el chiste, no es
ese el objetivo de toda mafia; que el asesinato parezca o un suicidio o
un accidente? Y esto es lo que está pasando con este creciente
prestigio social de la ignorancia: un suicidio cultural inducido por
aquellos a los que les interesa que la ciencia sea solo tecnología
aplicada al servicio del mercado capitalista.
En el nuevo espíritu del capitalismo, que tan bien analizaron
Boltanski Y Chapella, la participación “voluntaria” de los explotados
en su propia explotación es imprescindible. Por ello la importancia que
el capitalismo cognitivo cobra es muy relevante. El objetivo ya no es
construir una ideología religiosa o política alienante que justifique la
dominación y la explotación; sino la ausencia de ideología, la
dispersión infinitesimal del significado social, la satisfacción
patológica por la ignorancia, la ceguera intelectual deseada. El
capitalismo cognitivo no ofrece nada a cambio salvo la misma nada, la
naturaleza nihilista (no saber, consumir) es la propia de la mercancía
convertida en capital, cuya única regla es crecer y crecer en el vacío
cada vez mayor de la destrucción de los lazos sociales y del equilibrio
ecológico. La verdadera ideología del neoliberalismo es pues la
“ignorancia voluntaria”. Por eso el creciente prestigio social de la
ignorancia en esta crisis profunda ha de ser interpretado como el
ruido de fondo que emite el secreto y sigiloso avance de una fuerza
que amenaza destruirlo todo. ¡Sapere aude¡
En la hora mas tranquila de la noche, cuando estaba medio dormido, mis siete YO se sentaron a conversar en voz baja.
Primer YO: Aquí, en este loco, he vivido todos estos años sin tener otra cosa que hacer sino renovar su dolor durante el día y recrear su tristeza por la noche. No puedo soportar más tiempo mi destino y me rebelaré.
Segundo YO: Tu suerte es mejor que la mía, hermano, porque a mí se me asigno ser el YO alegre de este loco. Yo río su risa y canto sus horas felices, y con pies tres veces alados danzo sus más luminosos pensamientos. Soy yo quien debe rebelarse contra una existencia fatigosa.
Tercer YO: ¿Y que tendría que decir yo, entonces, YO amoroso, encargado de la antorcha ardiente de pasiones salvajes y fantásticos deseos? Soy yo, el YO enfermo de amor, quien se rebela contra este loco.
Cuarto YO: Entre todos vosotros, yo soy el más desdichado, porque nada me fue dado sino el abominable odio y el destructivo rencor. Soy yo, el YO tempestuoso, el único nacido en en las negras cavernas del infierno, quien debería protestar de tener que seguir al servicio de un loco.
Quinto YO: No. Soy yo, el YO pensante, el YO imaginativo, el YO hambriento y sediento, el único a vagar sin descanso en busca de cosas desconocidas y de cosas todavía no creadas. Soy yo y no vosotros el que debe revelarse.
Sexto YO:¿Y yo? Soy el trabajador, el insignificante obrero que con sus manos pacientes y sus ojos anhelantes transforma os días en imágenes y da a los elementos amorfos formas nuevas y eternas. Soy YO, el solitario, quien debe rebelarse contra este inquieto loco.
Séptimo YO:Qué extraño es que todos queráis rebelaros contra este hombre por tener cada uno de vosotros un destino determinado que cumplir. ¡Ah, ojalá fuera yo como uno de vosotros y tuviera también un YO con un determinado destino¡ Pero no tengo ninguno, soy el YO sin ocupación, el que se sienta en silencio, vacío de tiempo y espacio, mientras vosotros estáis ocupados recreando la vida. ¿Sois vosotros o yo, compañeros, quien debe rebelarse?
Cuando el séptimo YO hubo hablado, los otros seis lo miraron apenados, pero no dijeron nada. Y cuando la noche se hizo más profunda, uno tras otro se fueron a dormir arropados en una nueva y satisfecha sumusión.
Pero el séptimo YO permaneció despierto, mirando la nada que está detrás de todas las cosas.
Hubo un hombre llamado Galileo Galilei, dedicado al estudio, a horas
encerrado viendo astros, sacando las conclusiones de su observación, que
descubrió que la Tierra no estaba en el centro del Universo, que se
movía, y por tanto, era el Sol el que ocupaba el centro y entorno al
cual los planetas, y entre ellos la Tierra, giraban. Aquel
descubrimiento se enfrentó a la verdad institucionalizada, del Vaticano,
la Iglesia, las creencias populares del momento, y la insistencia en el
mantenimiento de lo que él había descubierto, le costó ir a juicio.
Y frente al acusado, cómo podía pensar él que se había equivocado
Aristóteles, como podía pensar él que las Sagradas Escrituras mentían.
Cómo podía atreverse él, un ingenuo sabio, a pensar que había
descubierto algo que fuese en contra de lo que el magisterio de la Santa
Madre Iglesia venía diciendo hacía siglos. Y sobre todo, es que acaso
el pueblo no aclamaba contra aquel que se atrevía a poner en duda la
centralidad del planeta Tierra… Las presiones son tremendas, tiene casi
que abjurar. Pero en un momento, en la rebeldía última, y musitando casi
con una sonrisa, a lo Saramago, suave pero firme, dice en el italiano
natal: E pur se move… (y sin embargo se mueve). Porque los
cálculos matemáticos, porque las observaciones, porque el ejercicio de
la razón, porque lo que sus ojos estaban viendo noche tras noche, le
estaban demostrando que era la Tierra la que se movía.
Pues bien, estamos hoy en la España de 1999, en la Europa de 1999 y
en el mundo, en un momento en el que en otras ocasiones de la historia,
las sociedades han tenido que escoger un camino u otro. O seguir en la
resignación o plantar cara. La resignación es un producto que, como
cualquier droga, duerme a la gente, duerme su conciencia. La resignación
es como la morfina, la cocaína o la heroína. La resignación es producto
de muchas causas. Yo voy a enumerar unas cuantas. La resignación es
hija de ese discurso totalizador, cual si fuese una nueva religión. No
hay más verdad que la competitividad, no hay más santos ni más poderes
que los mercados, la economía tiene que crecer constantemente. ¡No hay más verdad que la competitividad, no hay más santos ni más poderes que los mercados!
No importa que se contaminen las aguas, que se contaminen los ríos,
los mares o los aires. Competitividad, crecimiento sostenido, y los
mercados. Eso es lo único que importa. Su poder no puede ser contestado,
y además, la existencia de las propias sociedades nos demuestra que
esto es lo que produce bienestar. Y no importa que las personas de la
calle vean que ese bienestar no le ha llegado al hijo que tiene que ir a
la empresa de trabajo temporal, que le cobra el 40% de la nómina por
colocarle en una empresa.
No importa que la persona que todavía tiene una pensión que no llega
al salario mínimo interprofesional y está casi a la mitad, 60.000 y pico
de pesetas, la mitad de eso, a veces no llega. No importa el paro de
aquel que entró en los 45 años, no importa que la mujer, madre y esposa
pero que además tiene que trabajar, no cobra lo mismo, igual que el
hombre, haciendo la misma tarea, violando artículos enteros de la Carta
fundacional de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los
Derechos Humanos, y texto de la Constitución Española. No importa,
porque le están diciendo que no hay más bien que la competitividad, lo
bien que vivimos, lo bien que vamos, los datos, las cifras… No importa
que la gente vea o no quiera ver en su entorno y a su alrededor, hechos
que están contradiciendo ese mensaje. Porque para que no se vea, o para
ser menos hiriente, hay sucedáneos. Ahí tenéis la televisión, fútbol,
mucho fútbol, más fútbol que en épocas anteriores de la historia de
España. Ahí tenéis concursos degrandantes que no alimentan la razón, el
estudio, el análisis. Ahí tenéis la vida de los personajes populares que
se diseccionan y se abren para que atisbemos, como si fuéramos aves
carroñeras, y olvidando el entorno que tenemos, entremos en lo que
ocurre en sus alcobas. Ahí está toda la literatura de evasión, para que
la gente no vea y confunda su existencia real, con la existencia que le
ponen en las pantallas o en los informativos. Para que ocurra aquello
que tantas veces digo de la viejecita, que al final del siglo XIX estaba
vendiendo cerillas, a la puerta del Palacio de la Ópera de Madrid, en
un mes de enero a las dos de la madrugada, aterida de frío, y envuelta
en una toquilla vendiendo cerillas para poder subsistir. Y cuando
entraban hombres y mujeres envueltos en armiños, en capas, con lujo, con
joyas, decían qué bien vivimos en Madrid. Un caso de alienación, un
caso de suplantación, un caso de drogadicción. La imagen, lo bien que
vivimos, las historias de alcoba, las revistas de corazón, las
frivolidades, que hacen olvidar lo que ocurre diariamente, o si se ve,
se eleva a otra categoría, como si no fuese lo real.
Resignación, además, porque el discurso oficial que baja desde muchos
sitios, baja desde los poderes públicos, baja desde las sentencias de
los tribunales, desde las cátedras, desde las clases de EGB donde el
maestro de escuela va inyectando ya unas determinadas ideas. Baja desde
la televisión, y desde los medios de comunicación. El discurso de que no
hay otra salida, esto es lo único posible. Y si no fijaros, estamos
mal, pero peor estaban en el muro de Berlín. Y cuando ya se acude a
hablar del muro de Berlín es porque no se tienen razones y hay que decir
mira qué mal fueron aquellos, porque es la única justificación.
Resignación, porque los pueblos, cuando tienen problemas, no son
rebeldes. El que tiene que comer todos los días no puede permitirse el
lujo de perder, por un acto de rebeldía, el puesto de trabajo. La
rebeldía siempre ha surgido de aquellos que comían todos los días, ¡de
aquí la gran culpabilidad de muchos intelectuales españoles, que
comiendo todos los días bien del pesebre bien de su trabajo, no han
sabido decir basta a esta situación de degradación! “¡De aquí la gran culpabilidad de muchos intelectuales españoles que no han sabido decir basta a esta situación de degradación!”
La resignación… Una resignación que nace de la evidencia diaria, del
paro que es cierto, de ese paro que dicen que se reduce porque la
estadística dice que cuando una persona trabaja dos horas a la semana,
ya no está parada. Una disminución estadística de los empleos a tiempo
parcial, de las horas extraordinarias que se imponen pero que no se
cobran, de la angustia de si mañana podré trabajar. Eso es resignación.
Resignación que cae sobre un pueblo que se da cuenta además, o no se da
cuenta porque no le gusta o no quiere verlo, o no le dejan verlo, que
estamos yendo hacia atrás, que estamos llegando a cotas propias del
siglo XIX, que aquella seguridad social para todos, que el tema del
subsidio de desempleo va bajando continuamente, en contra de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos o de la propia
Constitución.
Resignación que surge de la culpabilidad del propio parado. Uno de
los éxitos entre comillas del sistema americano es conseguir que el
pobre, el miserable, se sienta culpable de su situación. Es la filosofía
calvinista, hija del protestantismo. Tú eres culpable de tu situación.
No has sido capaz de triunfar. Esa es la filosofía de la sociedad
americana, y si no has triunfado es porque tú eres el responsable. Esta
sociedad da oportunidades a todo el mundo. Si tú no has podido hacerlo
así, tú eres el culpable. Y entonces el oprimido, el pobrecito, el
esclavo, se echa encima la responsabilidad de su situación. Es perfecto
el dominio del poder. Un dominio del poder que ya no se basa en la
fuerza, en la coacción, en la utilización de la Guardia Civil o del
Ejército. Se basa en un dominio mucho más terrible, más duro, el dominio
de la mente. Ese opio que cae desde los aparatos de televisor, ese opio
que cae desde la sentencia de los tribunales, desde los discursos
políticos, que va empapando la mentalidad de la gente y va diciendo
calla, calla, calla… Porque si no callas puede ser peor. Esa es la
resignación que se produce como consecuencia de sentirse ese parado que
él es el autor de su situación, y aquel compañero que ha sido acusado de
que cobró una vez indebidamente el seguro de desempleo, aquel
miserable, ese es el culpable. No importa que los ladrones de alto
copete sean exhibidos como figuras brillantes para enseñarle a los hijos
como ejemplo a seguir, porque el miserable que ha estafado solamente un
mes del seguro de desempleo es el culpable de todo lo que está
ocurriendo. Eso es resignación. Resignación que surge de los medios de
comunicación, y no se enfaden las cámaras, no va con vosotros, pero va
con los que tienen el poder en vuestras empresas, va contra aquellos que
optan por decirle al pueblo una parte de la verdad. Resignación que
consiste en dar un credo único, decir todos amén a la competitividad, a
la moneda única, estamos mejor que nunca, amén, amén, amén… Es el coro
como una letanía, que va uniformando el pensamiento, que va haciendo
seres totalmente iguales, como lo que describía Orwell que podía ser el
futuro, en 1984. “Un dominio del poder que ya no se basa en la fuerza, en la coacción, sino en uno mucho más terrible: El dominio de la mente”
Esa resignación, por tanto, es hija de una economía, de un sistema
político que confunde muchas cosas. Una información que está haciendo
surgir en nuestros universitarios, en nuestros institutos, en nuestras
academias, en las escuelas básicas, la cultura del si o no, propia del
ordenador. La vida está llena de colores, de tonos, y el lenguaje es
mucho más vivo cuantas más cosas hay para ser descritas. Si o no. Blanco
o negro, derechas o izquierdas. Consteste usted como el ordenador,
afirmativo, negativo, afirmativo, negativo. Se busca ya, no el ser
humano pensante capaz de la reflexión, de la duda o de la inquietud, se
busca el esclavo sin pensamiento, y por eso no se quiere la historia, y
por eso se desdeña la memoria, porque los seres humanos somos hijos de
la memoria. Yo soy lo que soy porque viví con mis padres, mis recuerdos,
mi historia, mis vivencias… Yo soy la actualización de todo un pasado
que está vivo. Si me quitan la memoria soy un zombi, un muerto viviente,
y queremos pueblos de muertos vivientes, que se estimulen por el ultimo
partido del Barça-Madrid, que se estimulen con la última historia de
tal o cual conde, o de tal o cual señora. Que digan en los corrillos,
incluso en los parlamentos y en los lugares donde había que debatirse de
los problemas, se cuenten chistes de la vida privada, para olvidar la
tremenda realidad. Escapismo, droga, igual que la heroína, igual que la
cocaína, droga, escapismo. Sedar el pensamiento, aniquilar el espíritu
crítico y fomentar la resignación… Y frivolidad, mucha frivolidad. Y por
tanto la política entendida como compra-venta de votos. No importa qué
es lo que quiere el pueblo. Un pueblo al cual convenientemente se le va a
decir lo que quiere, a través de determinados medios. ¿Más fútbol? Pues
más fútbol. Es que yo pienso que… No, tú tienes que decir lo que le
guste al pueblo, al cual yo mediante medios de comunicación finísimos,
le voy diciendo qué es lo que le conviene. Pero yo represento un
proyecto, yo quiero explicar mi proyecto, yo quiero dirigirme a mi
pueblo, del cual formo parte, para decirle el punto de vista de nuestra
organización. No, no, no, lo que conviene es que ganes votos. “Sedar el pensamiento, aniquilar el espíritu crítico, fomentar la resignación, y frivolidad, mucha frivolidad”
Eso no está bien dicho. Tienes que ser respetable, tienes que hablar y
decir lo políticamente correcto, el buen tono, como el chico de la
burguesía del siglo XIX, niño eso no se hace, eso no se dice. Tú lo
haces por bajo cuerda, porque todo debe permanecer como si aquí no
ocurriera nada, es decir, la cultura de la hipocresía. Crear una
sociedad hipócrita, que miente a sabiendas, que sabe que está diciendo
algo que nadie cree, pero lo importante no es decirlo, lo importante es
hacerlo pero que no se diga. Y ese cáncer va avanzando, degradando,
corrompiendo y aniquilando las fuerzas para combatir, y esto es un
camino sin duda dulce, es la muerte lenta, como se consume un brasero,
como van muriendo aquellos que beben la cicuta, muerte que le dieron al
gran Sócrates. Va durmiendo paulatinamente todo el organismo y se muere
uno con la sonrisa en los labios, ¡pero muere!
Y el otro camino es la rebeldía. Pero la rebeldía no es un gesto
altisonante, no es un grito, no es un insulto, no es una pedrada, no es
una mala contestación. Es mucho más profundo. La rebeldía es un grito de
la inteligencia y la voluntad que dice, y lo voy a decir en roman paladino,
¡no me da la gana de decirle que sí a esta actual situación! ¿Por qué?
¡Porque no quiero! Y me niego a decirle que sí, porque entiendo que
puede haber otra situación, y por tanto yo no asumo esta podredumbre y
no participo de ella, y lucho contra ella. Y esta actitud es una actitud
intelectual. Y cuando digo intelectual no quiero hablar de
universitarios, sino de la mente de cualquier ser humano. Es un
posicionamiento que nace de la mente y del corazón, del fuego de querer
cambiar, esta es la rebeldía fundamental. Lo otro son voces, son
chillidos, son insultos, son graznidos, dale caña, circo romano… No, no,
la rebeldía no es ni más ni menos que el posicionamiento con otros
valores y la decisión de hacerle frente. Rebeldía para decir que no
aceptamos que la competitividad y el mercado sean los que rijan los
destinos de las sociedades, que entendemos que hay una Declaración
Universal de los Derechos Humanos que tiene que cumplirse, y que eso
significa sociedad de pleno empleo, donde el hombre y la mujer sean
exactamente iguales, donde no haya marginados, y que costará mucho
tiempo y mucho sacrificio, pero es hermoso el luchar, incluso morir por
eso. Porque morir tenemos que morir, ¡muramos por lo menos luchando por
un ideal noble y no consumiéndonos como un brasero! “Porque morir tenemos que morir, ¡muramos por lo menos luchando por un ideal noble y no consumiéndonos como un brasero!”
Y esa rebeldía fundacional en cuanto a entidad humana, significa
defender con esa suave ironía, con esa tranquilidad que el maestro
Saramago hace, porque es una gloria verlo contestar a los periodistas
con esa suave ironía, con esa tremenda dureza de fondo pero flexibilidad
en el lenguaje, significa defender que hay valores que deben ser
mantenidos… El hermoso valor de la igualdad. Como decía uno, la sangre
es roja y todos la tenemos roja, no hay sangre azul, y además, como
decía otro, todos los corazones, salvo alguna excepción, están a la
izquierda. Por tanto, esa igualdad que hace que los seres humanos nazcan
de la misma manera. Una igualdad esencial, no igualitarismo, y dignidad
de la persona por ser lo que es, persona.
Y junto a la igualdad, la libertad. Pero hablar de libertad es algo
muy grande, porque libertad es asumir que se tiene la conciencia libre,
que no es lo mismo que libertad de conciencia. La conciencia libre
significa que puedo decidir si yo tengo todos los elementos para
formular mi decisión. Estoy bien informado, estoy bien formado, me
alimento todos los días, tengo un techo donde guarecerme, tengo ropa que
ponerme, y una vez que tengo mis necesidades más elementales
satisfechas, yo puedo empezar a pensar para ser un hombre libre. Porque
si yo tengo que buscar el trabajo trampeando como sea, poniéndome en la
cola del paro, vendiéndome por cuatro perras porque tenemos que comer
mis hijos y yo, yo no soy un hombre libre aunque mañana me permitan
votar en la urnas. Yo voy movido por mi hambre, por mi necesidad de
tener que venderme en todo momento para el trabajo.
Y junto a la libertad, el sentido esplendido de la palabra justicia. Y
no hablo de tribunales de justicia. Hablo de eso tan sencillo de dar a
cada uno lo suyo, que impere el derecho, que no haya distinciones, que
todo el mundo sea dividido por igual rasero, el rasero de la ley. La
justicia que consiste además en conformar una sociedad. La ley es la que
puede hacer posible que conviva la gente en sociedad, mientras que la
ley sea justa y se aplique con justicia a todos igual. Solidaridad… Es
un mensaje que nos puede hermanar a todos, a todos aquellos que hablaban
sobre el internacionalismo proletario, que sigue estando vigente.
Aquellos que hablan de la hermandad de los seres humanos, y porque hacen
referencia a sus creencias basadas en la teología de liberación, a
otros que hablan desde otros supuestos de liberación humana, otras
propuestas de liberación… De acuerdo. Solidaridad, que consiste en
afirmar tranquila y serenamente, que no merece la pena luchar por
banderas, que la única bandera es la bandera del planeta Tierra, y la
humanidad es una sola raza, una sola y única raza, y que merece la pena
luchar por ella.
Y esto es muy importante: Estar informado. Hay diferencia entre la
noticia y la información. La noticia es una mercancía que se da para que
se consuma; la información es un dato que se da para que la gente
piense y a partir de ahí, extraiga sus consecuencias. Y desde la
izquierda, hablar de austeridad. A mí particularmente me gusta esta
palabra. La austeridad, palabra que vertebró un discurso de Enrico
Berlinguer, aquel secretario general del partido comunista italiano que
murió en la tribuna, hablando precisamente de austeridad. La austeridad
en el sentido romano, mediterráneo… Austeridad no es miseria. Austeridad
significa vivir dignamente, normalmente, no malgastar los recursos
naturales, pooseer uno cosas, y no que las cosas le posean a uno. No ir
constantemente atentando contra la naturaleza en un consumismo feroz.
Austeridad significa tiempo libre para discutir y dialogar con los
demás, para jugar, para hacer posible el amor entre seres que se
conocen, para convivir en la calle, en la plaza, en el ágora griega.
“Austeridad no es miseria, sino vivir dignamente. Poseer uno cosas, y no que las cosas lo posean a uno”
Austeridad que significa que la mejor manera de vivir es tener
relaciones con otro en un plano de igualdad, sintiéndose hombres y
mujeres libres en una sociedad democrática. Austeridad que hace que nos
miren a todos como seres humanos, y no por nuestra capacidad de consumo.
Yo me niego como ser humano a que digan que soy un español que consume
tantas salchichas o tantos coches al año. Eso no es la austeridad, eso
es medir al ser humano por otro talante. Austeridad que significa, con
otra palabra, sobriedad. Hablar de cosas concretas, hablar de cosas que
son importantes. Incluso cuando se utiliza el lenguaje para crear
belleza, para hacer pensar, como nuestro premio Nobel, se utiliza desde
la sobriedad, porque las palabras cayendo en cascada, uniéndose,
recreándose constantemente, hacen pensar, hacen conseguir nuevas ideas.
Humanizan. Esa es la austeridad y esa es la sobriedad. Y a partir de
ahí, es cuando comienza el discurso y la propuesta de una sociedad de
pleno empleo, de desarrollo sostenible, de reparto del trabajo, es
decir, el recurso rojo, verde, violeta, el discurso de la paz. ¡Paz! Y
la paz no es la ausencia de guerra, la paz es por ejemplo que el día
nueve estemos llenando Rota, porque quieren transformar la base militar
en una superbase, violando el punto tercero de lo que acordó el pueblo
español en referéndum, en 1986. La paz significa que mañana 1.200
hombres y aviones españoles que cuestan un dinero, no puedan entrar en
la antigua Yugoslavia, porque no ha sido consultado a las Cortes
Generales y porque se ha violado nuevamente el artículo 62 de la
Constitución. Significa por tanto hablar de paz. Paz como justicia, por
el entendimiento entre seres iguales que son capaces de razonar.
Los mecanismos son los de siempre: La movilización. ¿Qué es
movilizar? Desde la izquierda, movilizar no ha sido sólo llenar las
calles de gente, que también. Movilizar ha sido concienciar. Nosotros,
los que queremos pensar por nuestra cuenta, existimos para perturbar a
los demás. Si hay aquí algún creyente me dirijo a él para recordarle la
frase que hoy explicaba en la universidad, cuando una persona, un
compañero que era representante, parece ser, de la teología de
liberación, me preguntaba, y le recordaba yo un pasaje del Evangelio.
Decía mirad, una de las cosas que figuran en el evangelio, cuando le
preguntan a Jesús de Galilea, tú que has venido aquí, ¿a traer la paz? Y
dice, yo no, he venido a traer la guerra. ¿Y qué quería decir? He
venido a concienciar, a perturbar. Nosotros no queremos gente tranquila,
drogada, queremos gente inquieta. Venimos a perturbar, a agitar el
cerebro, a mover conciencias. Existimos en la medida en que movilicemos
el pensamiento. Como decía en aquella Iglesia del barrio del Naranjo de
Córdoba: ¡Levántate y piensa! Es lo más revolucionario que he visto en
mi vida, porque la rebeldía empieza aquí, en la cabeza, que dice ¡no
sirvo, no me da la gana, no quiero estos valores!. Movilización que
significa, por tanto, ese esfuerzo por pensar y por hacer pensar. “Venimos a perturbar, a agitar el cerebro, a mover conciencias”
La característica fundamental de los grandes revolucionarios de la
historia fue que hicieron pensar. La revolución la hicieron las gentes,
las masas, los colectivos, pero el valor de ellos es el pensamiento que
pusieron en marcha, es el concepto de la movilización, entorno a lo
concreto, y con las alianzas de todo el pueblo. Por eso hacemos
llamamientos, queremos unidad, pero no para repartirse sillones, sino
para hacer programas de transformación. ¿Qué hacemos en el pueblo, qué
hacemos en la comunidad autónoma, qué hacemos en España, qué hacemos en
Europa? Alianzas. Alianzas entre gentes que coinciden básicamente,
parece ser, por lo menos teóricamente, en que quieren cambiar el mundo.
Pongámonos de acuerdo en que podemos cambiarlo ahora. Pero cambiar un
sillón por otro, eso ya no es correcto, eso lo hacen los otros desde
tiempo inmemorial.
Y por último la cultura. La palabra cultura viene de cultivo.
Cultivarse, hacerse ser humano cada día más. La cultura no es saber
muchas cosas. La cultura es captar todo aquello que la humanidad ha ido
produciendo y que nos mueve desde el arte al estremecimiento, por
degustar la belleza, a entender cómo la humanidad ha ido superando
determinados problemas. Un hombre culto no es un hombre que esté rodeado
de libros, que también puede ser. Un hombre culto es un hombre que mira
al mundo con mirada independiente y libre. Un hombre culto puede ser un
campesino de nuestras tierras. Cuando rebina, palabra que utilizan en
mi tierra, está pensando, pero puede calcular las cosas, piensa como
quiere, es un hombre que tiene un tipo de cultura. Y ese hombre que a lo
mejor no sabe leer, le puede dar la mano a otro culto de la universidad
que sabe más cosas, pero está en la onda de la cultura, porque ambos
confluyen desde su sentido de hombres libres con capacidad para pensar. Y
en fin, en el acto de hoy, donde ahora va tomar la palabra el maestro
Saramago, y dicho con todo cariño, en el sentido de ejercicio de
sencillez y de hondura. La voz de Izquierda Unida esta noche no ha
hablado de programas. Hemos hablado, y os lo confieso, de lo que nos
mueve a nosotros. No sé lo que ocurrirá en los próximos meses y los
próximos años, pero la decisión de mantener este discurso es firme por
nuestra parte. La vamos a seguir manteniendo, no la pensamos cambiar”.
Hay un sencillo axioma que no falla: "El sistema no es perfecto" Es decir tiene fallos.
Es obvio que el actual sistema humano de organización económica, social, política y sindical no es perfecto.
Ser consciente de ello y querer cambiarlo es el principio de toda ideología política. Pero los fallos son tantos que no creo que ninguna persona pueda abarcarlos todos y por ello en cada discurso político, debate o charla de café observarás que cada interlocutor es consciente algunos de esos fallos y no todos son conscientes de los mismos. Dependiendo de la situación personal y social de cada ciudadano, éste verá más unos u otros fallos, y es muy típico que debido a esto, dicho ciudadano vaya simpatizando con la ideología política que más se preocupe por éstos problemas.
No solo vale con ver los fallos, sino que también hay que saber porqué existen. Y ese es el segundo paso para forjar toda ideología política, ya no vale solo con observar, hay que informarse bien, tanto con la prensa como con libros de teoría política, filosofía etc
En este caso es muy importante ser abierto a muchas opciones ya que para los mismos problemas muchas teorías tienen distintas explicaciones. Y sobre todo hay que tener especial cuidado en el terreno de la economía ya que aún se está especulando con el porqué de muchos problemas.
Y en tercer lugar y esto es lo más difícil, hay que encontrar soluciones a esos problemas, a esos fallos. Toda ideología es inútil si no ofrece solución o alternativa a los fallos del sistema. Pero en este punto hay mucho problema, porque muchos teóricos dan una buenísima explicación a ciertos problemas y después dan una mala solución (o que era buena en su momento pero ahora ya no tiene cabida) y esto lo digo para todos, Marx dio una gran explicación a ciertos problemas, pero la solución que dio para solucionarlos echa a muchos para atrás para aceptar la explicación marxista del porque de ciertos problemas. Y eso mismo podría decirlo para los anarquistas o para otro tipo de teorías políticas. Un gran ejemplo de encontrar buenas soluciones a los problemas actuales es la socialdemocracia o el comunismo parlamentarizado (No el Psoe, esos no son socialistas), que con explicaciones relativamente antiguas dan soluciones realmente modernas, es el caso del socialista francés Hollande que con teoría marxista ha hecho un programa político tal que así:
1. Subida de impuestos para los millonarios: el tipo máximo del
IRPF será del 75% para las rentas por encima del millón de euros al año.
2. Rebajar la edad de jubilación desde los 62 a los 60 años (para los trabajadores con 41,5 años cotizados).
3. Subir el salario mínimo por encima de la inflación. Ahora es de 1.200 euros al mes.
4. Derogar la subida del IVA que preparaba Sarkozy.
5. Que las rentas del capital paguen lo mismo que las rentas del trabajo.
6. Legalizar el derecho al matrimonio y la adopción de los homosexuales.
7. Que las empresas que se lleven sus fábricas fuera de Francia tengan que devolver las ayudas públicas recibidas.
8. Pedir a la UE una reforma de los estatutos del BCE para que el
crecimiento y el empleo sean también un mandato prioritario en la
política monetaria y que el banco central pueda prestar directamente a
los estados. Poner en marcha los eurobonos. Apoyar la creación de una
tasa a las transacciones financieras.
9. Crear un banco público de inversión para el desarrollo de las pequeñas empresas.
10. Reducir la producción de electricidad a través de energía nuclear
del 75% al 50% para el año 2025, cerrando las centrales más anticuadas,
y potenciar las energías renovables.
11. Cambiar la ley Hadopi contra las descargas en Internet. Buscar un
modelo que concilie los derechos de los creadores y el acceso a
Internet fácil y seguro.
12. Reformar la Constitución para incluir en ella los principios de laicidad y la separación entre Iglesia y Estado.
13. Rebajar un 30% el sueldo al presidente de la República y a sus ministros.
14. Que los responsables de la televisión y la radio públicas dependan de una autoridad independiente del Gobierno.
15. Subir el sueldo a los médicos de la sanidad pública.
16. Construir 2,5 millones de viviendas de protección oficial para estudiantes y rentas bajas durante los próximos cinco años.
17. Rebajar los sueldos de los directivos de las empresas públicas.
18. Limitar la acumulación de cargos públicos.
19. Derecho a voto en las municipales para los extranjeros que vivan en Francia desde hace más de cinco años.
20. Contratar a 60.000 nuevos profesores.
21. Regular la eutanasia.
22. Subida del 15% en el impuesto a la banca.
23. Prohibir las stock-options, excepto para empresas recién nacidas.
24 Prohibir a los bancos tener sucursales en paraísos fiscales.
25. Obligar a que la banca de inversión –la especulativa– y la de ahorro –la de las libretas y créditos– estén separadas.
26. Multas para los partidos políticos que no respeten la paridad entre mujeres y hombres.
27. Los políticos condenados por corrupción quedarán inhabilitados por diez años.
28. Aumentar las ayudas para las familias con hijos en edad escolar.
29. Subir el impuesto de sucesión y el de patrimonio.
30. Retirada de las tropas en Afganistán.
Y para terminar mi entrada:
El 15M es un claro ejemplo de cómo formar una nueva ideología, primero agrupó a todos los ciudadanos sin discriminar para saber porqué estaban indignados y saber cuales eran todos los fallos que veían en el sistema. Después en asambleas pretendieron encontrar el porqué y como solucionarlo.